
viernes, 21 de febrero de 2014
Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?
Miguel de Unamuno
miércoles, 29 de enero de 2014
domingo, 26 de enero de 2014
El LIBRO DE BUEN AMOR
A lo largo del siglo XIV se irán anticipando los cambios que el Renacimiento introducirá en la sociedad europea. La más importante de ellas, a mi modo de ver, la consideración del hombre como un ser individual, pensante, con sentimientos propios (y el consecuente desplazamiento de Dios como centro de todas las cosas). Se empieza a exaltar poco a poco el gozo de vivir, y es en este contexto de cambio en el que Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, escribe su obra. Una obra llena de materiales diversos en la que este clérigo nos muestra una visión interesantísima de la sociedad de su época; una obra que se encuadra en el Mester de Clerecía por usar la Cuaderna Vía en algunas de sus composiciones pero que se halla despojada en buena medida de esa férrea moral eclesiástica que lo caracterizaba.
El Libro de Buen Amor no siempre fue llamado así. El nombre actual se lo puso Menéndez Pidal basándose en que en el verso 933b el ppropio autor dice: "buen amor dije al libro". Puede leerse completo en la Biblioteca Virtual Cervantes. O en versiones actualizadas como esta.
- La Disputa por señas. Este es uno de los episodios más famosos del libro y dice lo siguiente:
Palabras son de sabio y díjolo Catón:
el hombre, entre las penas que tiene el corazón,
debe mezclar placeres y alegrar su razón,
pues las muchas tristezas mucho pecado son.
Como de cosas serias nadie puede reír,
algunos chistecillos tendré que introducir;
cada vez que los oigas no quieras discutir
a no ser en manera de trovar y decir.
Entiende bien mis dichos y medita su esencia
no me pase contigo lo que al doctor de Grecia
con el truhán romano de tan poca sapiencia,
cuando Roma pidió a los griegos su ciencia.
Así ocurrió que Roma de leyes carecía,
pidióselas a Grecia, que buenas las tenía.
Respondieron los griegos que no las merecía
ni había de entenderlas, ya que nada sabía.
Pero, si las quería para de ellas usar,
con los sabios de Grecia debería tratar,
mostrar si las comprende y merece lograr;
esta respuesta hermosa daban por se excusar.
Los romanos mostraron en seguida su agrado;
la disputa aceptaron en contrato firmado,
mas, como no entendían idioma desusado,
pidieron dialogar por señas de letrado.
Fijaron una fecha para ir a contender;
los romanos se afligen, no sabiendo qué hacer,
pues, al no ser letrados, no podrán entender
a los griegos doctores y su mucho saber.
Estando en esta cuita, sugirió un ciudadano
tomar para el certamen a un bellaco romano
que, como Dios quisiera, señales con la mano
hiciera en la disputa y fue consejo sano.
A un gran bellaco astuto se apresuran a ir
y le dicen: -"Con Grecia hemos de discutir;
por disputar por señas, lo que quieras pedir
te daremos, si sabes de este trance salir".
Vistiéronle muy ricos paños de gran valía
cual si fuese doctor en la filosofía.
Dijo desde un sitial, con bravuconería:
"Ya pueden venir griegos con su sabiduría".
Entonces llegó un griego, doctor muy esmerado,
famoso entre los griegos, entre todos loado;
subió en otro sitial, todo el pueblo juntado.
Comenzaron sus señas, como era lo tratado.
El griego, reposado, se levantó a mostrar
un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar,
y luego se sentó en el mismo lugar.
Levantóse el bigardo, frunce el ceño al mirar.
Mostró luego tres dedos hacia el griego tendidos
el pulgar y otros dos con aquél recogidos
a manera de arpón, los otros encogidos.
Sientáse luego el necio, mirando sus vestidos.
Levantándose el griego, tendió la palma llana
y volvióse a sentar, tranquila su alma sana;
levántase el bellaco con fantasía vana,
mostró el puño cerrado, de pelea con gana.
Ante todos los suyos opina el sabio griego:
"Merecen los romanos la ley, no se la niego."
Levantáronse todos con paz y con sosiego,
¡gran honra tuvo Roma por un vil andariego!
Preguntaron al griego qué fue lo discutido
y lo que aquel romano le había respondido:
"Afirmé que hay un Dios y el romano entendido
tres en uno, me dijo, con su signo seguido.
"Yo: que en la mano tiene todo a su voluntad;
él: que domina al mundo su poder, y es verdad.
Si saben comprender la Santa Trinidad,
de las leyes merecen tener seguridad."
Preguntan al bellaco por su interpretación:
"Echarme un ojo fuera, tal era su intención
al enseñar un dedo, y con indignación
le respondí airado, con determinación,
que yo le quebraría, delante de las gentes,
con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes.
Dijo él que su yo no le paraba mientes,
a palmadas pondría mis orejas calientes.
"Entonces hice seña de darle una puñada
que ni en toda su vida la vería vengada;
cuando vio la pelea tan mal aparejada
no siguió amenazando a quien no teme nada".
Por eso afirma el dicho de aquella vieja ardida
que no hay mala palabra si no es a mal tenida,
toda frase es bien dicha cuando es bien entendida.
entiende bien mi libro, tendrás buena guarida.
el hombre, entre las penas que tiene el corazón,
debe mezclar placeres y alegrar su razón,
pues las muchas tristezas mucho pecado son.
Como de cosas serias nadie puede reír,
algunos chistecillos tendré que introducir;
cada vez que los oigas no quieras discutir
a no ser en manera de trovar y decir.
Entiende bien mis dichos y medita su esencia
no me pase contigo lo que al doctor de Grecia
con el truhán romano de tan poca sapiencia,
cuando Roma pidió a los griegos su ciencia.
Así ocurrió que Roma de leyes carecía,
pidióselas a Grecia, que buenas las tenía.
Respondieron los griegos que no las merecía
ni había de entenderlas, ya que nada sabía.
Pero, si las quería para de ellas usar,
con los sabios de Grecia debería tratar,
mostrar si las comprende y merece lograr;
esta respuesta hermosa daban por se excusar.
Los romanos mostraron en seguida su agrado;
la disputa aceptaron en contrato firmado,
mas, como no entendían idioma desusado,
pidieron dialogar por señas de letrado.
Fijaron una fecha para ir a contender;
los romanos se afligen, no sabiendo qué hacer,
pues, al no ser letrados, no podrán entender
a los griegos doctores y su mucho saber.
Estando en esta cuita, sugirió un ciudadano
tomar para el certamen a un bellaco romano
que, como Dios quisiera, señales con la mano
hiciera en la disputa y fue consejo sano.
A un gran bellaco astuto se apresuran a ir
y le dicen: -"Con Grecia hemos de discutir;
por disputar por señas, lo que quieras pedir
te daremos, si sabes de este trance salir".
Vistiéronle muy ricos paños de gran valía
cual si fuese doctor en la filosofía.
Dijo desde un sitial, con bravuconería:
"Ya pueden venir griegos con su sabiduría".
Entonces llegó un griego, doctor muy esmerado,
famoso entre los griegos, entre todos loado;
subió en otro sitial, todo el pueblo juntado.
Comenzaron sus señas, como era lo tratado.
El griego, reposado, se levantó a mostrar
un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar,
y luego se sentó en el mismo lugar.
Levantóse el bigardo, frunce el ceño al mirar.
Mostró luego tres dedos hacia el griego tendidos
el pulgar y otros dos con aquél recogidos
a manera de arpón, los otros encogidos.
Sientáse luego el necio, mirando sus vestidos.
Levantándose el griego, tendió la palma llana
y volvióse a sentar, tranquila su alma sana;
levántase el bellaco con fantasía vana,
mostró el puño cerrado, de pelea con gana.
Ante todos los suyos opina el sabio griego:
"Merecen los romanos la ley, no se la niego."
Levantáronse todos con paz y con sosiego,
¡gran honra tuvo Roma por un vil andariego!
Preguntaron al griego qué fue lo discutido
y lo que aquel romano le había respondido:
"Afirmé que hay un Dios y el romano entendido
tres en uno, me dijo, con su signo seguido.
"Yo: que en la mano tiene todo a su voluntad;
él: que domina al mundo su poder, y es verdad.
Si saben comprender la Santa Trinidad,
de las leyes merecen tener seguridad."
Preguntan al bellaco por su interpretación:
"Echarme un ojo fuera, tal era su intención
al enseñar un dedo, y con indignación
le respondí airado, con determinación,
que yo le quebraría, delante de las gentes,
con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes.
Dijo él que su yo no le paraba mientes,
a palmadas pondría mis orejas calientes.
"Entonces hice seña de darle una puñada
que ni en toda su vida la vería vengada;
cuando vio la pelea tan mal aparejada
no siguió amenazando a quien no teme nada".
Por eso afirma el dicho de aquella vieja ardida
que no hay mala palabra si no es a mal tenida,
toda frase es bien dicha cuando es bien entendida.
entiende bien mi libro, tendrás buena guarida.
Y aquí te dejo una versión del cuento en prosa:
Sucedió una vez que los romanos, que carecían de leyes para su gobierno, fueron a pedirlas a los griegos, que sí las tenían. Estos les respondieron que no merecían poseerlas, ni las podrían entender, puesto que su saber era tan escaso. Pero que si insistían en conocer y usar estas leyes, antes les convendría disputar con sus sabios, para ver si las entendían y merecían llevarlas. Dieron como excusa esta gentil respuesta.
Sucedió una vez que los romanos, que carecían de leyes para su gobierno, fueron a pedirlas a los griegos, que sí las tenían. Estos les respondieron que no merecían poseerlas, ni las podrían entender, puesto que su saber era tan escaso. Pero que si insistían en conocer y usar estas leyes, antes les convendría disputar con sus sabios, para ver si las entendían y merecían llevarlas. Dieron como excusa esta gentil respuesta.
Respondieron los romanos que aceptaban de buen grado y firmaron un convenio para la controversia. Como no entendían sus respectivos lenguajes, se acordó que disputasen por señas y fijaron públicamente un día para su realización.
Los romanos quedaron muy preocupados, sin saber qué hacer, porque no eran letrados y temían el vasto saber de los doctores griegos. Así cavilaban cuando un ciudadano dijo que eligieran un rústico y que hiciera con la mano las señas que Dios le diese a entender: fue un sano consejo.
Buscaron un rústico muy astuto y le dijeron: "Tenemos un convenio con los griegos para disputar por señas: pide lo que quieras y te lo daremos, socórrenos en esta lid".
Lo vistieron con muy ricos paños de gran valor, como si fuera doctor en filosofía. Subió a una alta cátedra y dijo con fanfarronería: "De hoy en más vengan los griegos con toda su porfía". Llegó allí un griego, doctor sobresaliente, alabado y escogido entre todos los griegos. Subió a otra cátedra, ante todo el pueblo reunido. Comenzaron sus señas como se había acordado.
Levantóse el griego, sosegado, con calma, y mostró sólo un dedo, el que está cerca del pulgar; luego se sentó en su mismo sitio. Levantóse el rústico, bravucón y con malas pulgas, mostró tres dedos tendidos hacia el griego, el pulgar y otros dos retenidos en forma de arpón y los otros encogidos. Se sentó el necio, mirando sus vestiduras.
Levantóse el griego, tendió la palma llana y se sentó luego plácidamente. Levantóse el rústico con su vana fantasía y con porfía mostró el puño cerrado.
A todos los de Grecia dijo el sabio: los romanos merecen las leyes, no se las niego. Levantáronse todos en sosiego y paz. Gran honra proporcionó a Roma el rústico villano.
Preguntaron al griego que fue lo que dijera por señas al romano y qué le respondió éste. Dijo: "Yo dije que hay un DIos, el romano dijo que era uno en tres personas e hizo tal seña. Yo dije que todo estaba bajo su voluntad. Respondió que en su poder estábamos, y dijo verdad. Cuando vi que entendían y creían en la Trinidad, comprendí que merecían leyes certeras".
Preguntaron al rústico cuáles habían sido sus ocurrencias: "Me dijo que con un dedo me quebraría el ojo: tuve gran pesar e ira. Le respondí con saña, con cólera y con indignación que yo le quebraría, ante toda la gente, los ojos con dos dedos y los dientes con el pulgar. Me dijo después que de esto que le prestara atención, que me daría tal palmada que los oídos me vibrarían. Yo le respondí que le daría tal puñetazo que en toda su vida no llegaría a vengarse. Cuando vio la pelea tan despareja dejó de amenazar a quien no le temía".
Por eso dice la fábula de la sabia vieja: "No hay mala palabra si no es tomada a mal. Verá que es bien dicha si fue bien entendida". (extraído de www.neusleter.com)
En YOUTUBE puedes encontrar un simpático sketch que se burla de cómo los españoles tenemos la costumbre de comunicarnos por señas, míralo
- Batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma
Puedes leer el texto completo en este enlace educativo de la Junta de Andalucía.
¿Qué significado tiene que el Carnaval preceda a la Cuaresma? (sacado de queaprendemoshoy.com)
Carnaval, viene de “Carnem Levare”, que literalmente significa ‘privar’ la carne. Ya en el imperio romano, el Carnaval, se cultivaba en honor a Saturno y a Pan; durante estos días primaban la permisividad total y las críticas contra las instituciones, véase la autoridad, el poder o la religión. De igual manera, predominó el carnaval durante la Edad Media con fiestas como la del Obispillo o la de los Locos, celebradas entre la Navidad y la Cuaresma y en las que se desquitaban de todo lo que se les prohibiría en el posterior tiempo de ayuno.
El Carnaval y la Cuaresma han sido trasladados al arte con una iconografía propia: se trata del Combate entre don Carnal y doña Cuaresma que el Arcipreste de Hita nos explica en el Libro del Buen Amor hacia el año 1330. Simbólicamente, el carnaval es un hombre mundano y amante de los placeres personificado en don Carnal, quien es retado por doña Cuaresma a sostener una batalla durante la semana anterior al Miércoles de Ceniza. Así es que el ejército de don Carnal, amante de los excesos, tiene más adeptos y es más poderoso que el de la rival, sin embargo, tras un fastuoso banquete le entra un sueño atroz y doña Cuaresma aprovecha para aprisionarlo. Ésta le obliga a penitenciar y a ayunar para que se le perdonen los pecados, perdiendo así la batalla, y alzándose doña Cuaresma como la vencedora de una iglesia triunfal.
La cuaresma por su parte, también tiene su labor, comienza el miércoles de Ceniza y termina en Jueves Santo, y se trata ni más ni menos que del período de preparación para la fiesta de la Pascua de Resurrección. Durante este tiempo, debería predominar el color morado que significa luto y penitencia, pero ante todo, en tiempo de cuaresma se debe ayunar, dar limosna y rezar. Esta tradición comienza hacia el siglo IV en que se constituye el tiempo de penitencia y renovación de la Iglesia Católica.
Será Pieter Brueghel quien en 1559 se encargue de darle forma pictóricamente. Lo que vemos en su obra es una escena típica de la época con dos clases claramente diferenciadas. A la izquierda, el carnaval: el goce, el baile, las tabernas y don Carnal sobre un barril a la cabeza de la pugna. A la derecha, su rival doña Cuaresma, representada por una anciana, rodeada de los alimentos permitidos, los niños educados, los parroquianos ayudando a los enfermos y de fondo la iglesia. Se trata de un teatro abierto que representa el contraste entre dos modos de vida.
El hedonismo del Carnaval es el testigo más fiel en la actualidad del paganismo heredado del mundo romano, por otro lado, la sobriedad espiritual de la Cuaresma es la muestra de la moral cristiana impuesta durante el medievo. Ambos sustratos unidos: la filosofía clásica y la cristiandad son hoy la esencia de la identidad cultural europea.
Otra explicación educativa sobre el mismo tema la tienes en este blog
jueves, 23 de enero de 2014
"El aprendiz de hombre"
En este enlace se puede leer completo el cuento XXI de "El Conde Lucanor", que viene en las páginas 40-41 de la antología del libro de 3º ESO y sobre el que hemos realizado unos ejercicios. Te ayudará a contestar el 5.Cuento XXI
"Lo que sucedió a un rey joven con un gran filósofo a quien su padre lo había encomendado"
"Lo que sucedió a un rey joven con un gran filósofo a quien su padre lo había encomendado"
viernes, 10 de enero de 2014
EL POEMA DE MIO CID
Es el mayor Cantar de Gesta de la literatura española y una de las obras clásicas de la literatura europea. Compuesto probablemente a finales del siglo XII o principios del XIII, se sabe que en 1207 un tal Per Abbat lo copió en un manuscrito; otra copia de ese mismo, realizada en el siglo XIV y a la que le faltan la página inicial y dos interiores es la que hoy se guarda con mimo en la Biblioteca Nacional Española.
El Poema es una libre interpretación de la parte final de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, héroe castellano apodado El Cid, desde el año 1081, en que es desterrado de Castilla por Alfonso VI hasta su muerte en 1099.
El Poema de Mio Cid puede dividirse en tres partes: Cantar del Destierro, Cantar de las Bodas y Cantar de la Afrenta de Corpes que puedes leer en aquí.
Encontrarás más información sobre el mismo (contenido, estilo, autoría) en las páginas 242 y 243 de tu libro de texto. Además te propongo dos enlaces útiles y muy didácticos:
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